Los días raros (2023)
Autor: Edgar Gabriel Ríos Salgado
Editorial: Gnomo Literario
Existen días buenos, días malos y días raros. Quien más, quien menos, los ha tenido todos, pero según mi lectura, el autor Edgar Gabriel Ríos Salgado ha sufrido más de los últimos que de los primeros y eso es algo que vale la pena contar. Recientemente, asistí a la primera presentación de Los días raros (2023) convocada por la editorial Gnomo Literario como parte del programa de actividades del Gnomo Fest, en la Librería La Esquina. La pregunta, casi obligada, llegó temprano en la conversación: “¿Te sientes un escritor citadino o rural?” Ríos Salgado contestó, casi de inmediato, que se consideraba un escritor citadino, con lo que estoy de acuerdo; y aunque mi opinión sobre este particular importe muy poco, me explico: me parece que solo un escritor nacido en las zonas montañosa de la Isla Bendita, quien a conciencia ha huido a la ciudad en la búsqueda de esas experiencias metropolitanas, puede voltear su vista atrás para tratar de explicar, con nostálgica tristeza, lo que dejaron. Ahora, infectado ya con las fiebres y la decadencia de la misma ciudad que antes veía como salvación, Los días raros carga el espíritu del Valle de Collores, de aquella jaquita baya y de la pregunta siempre existente: quién es el irreconocible, ¿la jaquita o yo?
La experiencia puertorriqueña ha tenido siempre distintos acercamientos que me parece importante recalcar al reseñar Los días raros. El desarrollo de una sociedad no se debe tomar como un producto homogéneo. La visión de mundo, y de la vida misma, se desarrolla en la subjetividad del individuo y en su interacción con su microcosmo. Por eso, los acercamientos hacia problemas políticos, sociales, literarios y amatorios de un escritor nacido y criado en la ciudad se matizan con unos colores y sensibilidades distintos a los de un escritor jayuyano, como es el caso Ríos Salgado, o costeño, como es mi caso, o quien escribe desde el cruel ostracismo que son las islas municipio, si es que Dios algún día mira pa’ allá. Quizás por eso, y digo “quizás” porque toda reseña es como tocar de oído, por lo menos hasta que el autor se muera, (¡larga vida para el autor!) Ríos Salgado comienza con El Principio.
Acertado el título como el texto, el autor nos propone un genesis que me recordó tanto al Mito de Prometeo y Epimeteo como a las interpretaciones de Fray Ramón Pané. Los mitos sobre la creación de la vida reflejan siempre la necesidad de justificar la propia existencia. El autor se propone crear un mito porque los que existen no son suficientes para explicar Los días raros; demasiado se ha dicho sobre la luz y las tinieblas, y muy poco sobre las penumbras. En El Principio de Ríos Salgado, el mundo, su mundo, es místico y mítico, un cuerpo bocarriba y el desahucio de Dios. Sobrevive solamente por las manos solidarias y valientes de los pocos que, arriesgados, le dan de comer y de beber. Nosotros, el ser humano, otro castigo que Dios impuso sobre su espalda. Sobre el producto de la creación, es decir, sobre “lo creado”, el complemento directo del cuento, no diré nada porque me parece que esa incertidumbre es parte del efecto que se quiere causar en el lector, pero de lo que no tengo dudas es que en este texto de una página se encierran los temas generadores de la obra: el Ser, la Naturaleza y el Dios-padre ausente.
En mi lectura, la preocupación por tratar de explicar una existencia natural (de dónde salimos, quién nos creó) me parece tan importante para el autor como el de explicar el fenómeno existencial (quién soy, qué hago aquí) a la vez que intenta enfrentar un sistema de creencias y concepciones sociales de la antigua ruralía contra valoraciones más progresistas de un escritor citadino. Ahora, me parece refrescante y maduro, incluso hermoso, como el autor cuida del tono para no parecer un grito de rebeldía violenta e infantil. Superior a eso, es un intento por exponer al Antiguo Régimen y dejarlo caer por su peso. Aquí puedo mencionar cuentos como Charco La Chinita, que encierra todos los elementos que he mencionado y añade nuevos: el joven que regresa de la ciudad a reencontrarse con el campo, la construcción de la otredad, ejemplificada en La Chinita y su padre, el sincretismo religioso y la práctica católica tan distintivo de la montaña y el personaje caricaturesco de las religiosas que viene a representar la verdadera decadencia social y su antiguo sistema de valores. Todos, temas que se repiten a lo largo de la obra. Así mismo, se percibe el olor a tabaco y yagrumo en los cuentos Rehacer, El Allegado y El legado. Defino la ambientación de estos temas como un realismo mágico en ácido y no lo digo en vano. Hay una insistencia en los colores, que se hace evidente desde la portada, y en los olores que se manifiesta, también, en el texto. Pero existe un intento de apelar al tacto, específicamente al sentir los musgos en la planta de los pies y la tierra húmeda que salpica el río entre los dedos. Ríos Salgado busca definir la montaña como un espacio geográfico místico, religioso y complejo, pero también desarrollar una personajes sicológicamente complicados y contemporáneos.
Pero había dicho que Edgar Ríos Salgado me parecía un escritor citadino y antes de que se me vaya el efecto quiero explicar mejor por qué. Además de todo lo mencionado, a través de Los días raros se desarrolla un leitmotiv que mi condición humana no me dejaría pasar por alto: la búsqueda de sí mismo, la mirada introspectiva que observa, objetivamente, el fenómeno mismo de vivir como quien no vive; el escritor que escribe sobre escribir. Refiero, al cuento Enfrascado que, además, presenta el sentimiento trágico de la vida en la urbe, de la soledad que se sacude caminando entre las avenidas; del individuo plantado en la miseria de su rutina, rodeado de una naturaleza artificial de su propia creación, que tiene como fin, al parecer, hacerlo sentir menos dios. Esta pesadez existencial es, necesariamente, citadina. El existencialismo es una condición que se manifiesta como resultado de la ciudad moderna porque son las ciudades la mayor expresión conjunta de la civilización y no existe nada más fuera ellas, solo Dios, pero como ya se dijo en El Principio, Dios nos desahució. Fíjese, también, en el micro cuento Última Hora, sobre el hombre que es ajeno al mundo y, a la vez, el mundo le es ajeno a él; o el cataclismo de Impacto Inminente y el apocalipsis que no llega. ¿Habrá algo más existencialista, y, por lo tanto, más citadino, que imaginarse un fin y que no llegue? o, lo que sería peor, ¿que el fin haya llegado y uno ni se entere? (ver Infierno).
Todavía me queda mucho por decir. Es que soy muy opinionado. Me queda por hablar de la portada, de la traducción, de las paterías, de las puterías, de El Galardonado (que es mi cuento favorito por su guerra contra maniqueísmo), del talento del autor para cerrar los cuentos… Por suerte, tengo a mi honor moderar la segunda presentación del libro para la cual, desde ya, me he dado carta blanca. Pero ahora llueve y hace frio. No es común para una ciudad subtropical en el mes de julio. O quizás lo es. Qué sé yo. Yo no sé na’ de na’.
San Juan, Puerto Rico
25 de julio de 2023