Pero ya,...hasta ahí.

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Qué fácil es pa' ti que uno sea poeta

Me dedico a esperarte

Quiero vivir como un turista

Que me pasen la cuenta

A veces, perdiendo se gana...

En un mundo lleno de libros de autoayuda, estas crónicas son antítesis: una vuelta a la catarsis. Aquí la poesía y el Adderall no serán sinónimos, pero sí mezcla homogénea. El autor nos hace alarde de su conocimiento empírico (el que diga innato exagera) en mixología, que es tanto un arte como una ciencia que bien le sirve al farmacéutico como al bartender, o en este caso al poeta. Sin embargo, el poeta no busca ni necesita una cura sino un paliativo que lo mantenga al margen de la felicidad, a un paso de la caída definitiva. Se vive con adicción a la nostalgia, a la espera, al quizás, al por poco, al atisbo de felicidad que solo existe en el [in]finito; la sustancia es solo para ser funcional cuando se pausa. No hay caída terminal, siempre se está en decadencia, un perpetuo hasta ahí.

Excelente poesía

Las letras del autor son poesía que se pasea entre los sentidos. Destila dolor a través del crisol de la intertextualidad. Evoca cada esperanza que termina en homicidio o suicidio. Se vale de técnicas narrativas que bordan una nostalgia desgarradora. Juega con el recurso de la crónica ya que lo presenta de forma anacrónica, no utiliza las fechas en orden. Lo que aumenta mis sospechas, que se le había acabado la receta del medicamento.

El habla como un poeta, escribe como un poeta, pero insiste en que no lo es. No me importan sus razones para negarlo, concluí que sí. Sé que él pretende dar la impresión de que hace lo que le da la gana. Pretendo dar la impresión de que me lo creo.

Notas de venganza, entre insomnio y recuerdos sembrados por un anacronista

Hay algo de muerte prematura a lo Monroe o James Dean. Se quedó allí, en lo lindo. Entonces, la misma mente que te hizo sentir tan bien, de momento, el otro lado de la moneda se impone, la indigestión...Si yo lo que te deseo es que recuerdes todo lo lindo, lo demás que corra por ti...

Y me mantengo en lo dicho y lo hago cuestión personal”. ¡Y ya! ¡Hasta ahí!